Las disfunciones sexuales son los problemas recurrentes y persistentes relacionados con la respuesta sexual, en el que intervienen factores emocionales, psicológicos, orgánicos, ambientales o de relación con la pareja. Se produce en las fases de excitación y del orgasmo, o al mismo deseo sexual y son mucho más habituales del que nos pensamos. Generan insatisfacción en las relaciones íntimas y afectan de forma importante a quien lo sufre como angustia, aflicción o tensión entre la pareja.
Actualmente, se tiene más información y conciencia respecto a la necesidad de tener una buena salud sexual. Por esta razón, ha habido un incremento de las terapias psicológicas dirigidas a tratar las disfunciones sexuales, así como una creciente demanda de terapia.
Existen terapias dirigidas a resolver los problemas sexuales, las cuales contribuyen a contactar nuevamente con las mismas necesidades, sentir alegría, placer y satisfacción por el propio cuerpo, y recuperar la ilusión de mantener relaciones íntimas y satisfactorias. Todo ello revierte a una mejora de la relación con el propio cuerpo y un mismo.
En el origen de las disfunciones sexuales pueden estar implicados e interactuar factores de origen psicológico, orgánico, ambiental o de relación de la pareja.
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En el trastorno de excitación sexual femenino hay una ausencia o reducción significativa en el interés o excitación sexual femenina, que se manifiesta al menos por una de las tres siguientes:
Los síntomas han persistido durante unos seis meses como mínimo y provocan un malestar clínicamente significativo en la mujer que lo sufre.
Al menos se tiene que experimentar uno de los tres síntomas siguientes en casi todos o todas las ocasiones (aproximadamente 75-100%) de la actividad sexual en pareja (en situaciones y contextos concretos o, si es generalizada, en todos los contextos):
Si los síntomas han persistido durante unos seis meses como mínimo y provocan malestar clínicamente significativo en la persona.
La disfunción sexual no se explica mejor por un trastorno mental no sexual o como consecuencia de una alteración grave de la relación (p. Ex: violencia de género) u otros factores estresantes significativos y no se puede atribuir a efectos de una sustancia o a otra afección médica.
Al menos se tiene que experimentar uno de los tres síntomas siguientes en casi todos o todas las ocasiones (aproximadamente 75-100%) de la actividad sexual en pareja (en situaciones y contextos concretos o , si es generalizada, en todos los contextos):
La disfunción sexual no se explica mejor por un trastorno mental no sexual a consecuencia de una alteración grave de relación u otros efectos estresantes significativos y no se puede atribuir a los efectos fisiológicos directos de una sustancia u otra afección médica.
En la eyaculación precoz se presenta una pauta persistente o recurrente en que la eyaculación producida durante la actividad sexual en pareja sucede aproximadamente en el minuto siguiente a la penetración vaginal y antes de que él lo desee.
Este criterio debe de haber estado presente durante un mínimo de seis meses y se tiene que experimentar en casi todas o todas las ocasiones (aproximadamente el 75%-100%) de la actividad sexual (en situaciones y contextos concretos o, si es generalizado, en todos los contextos).
El síntoma provoca un malestar clínicamente significativo en la persona y la disfunción sexual no se explica mejor por un trastorno mental no sexual o a consecuencia de una alteración grave de la relación u otros factores estresantes significativos y no se puede atribuir a efectos de una sustancia, medicamento u otra afección médica.
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