Las adicciones comportamentales comparten características con las adicciones a sustancias. La particularidad, en este caso, es la relación entre la conducta y la persona. Apostar, jugar a videojuegos, trabajar, comprar, hacer uso del móvil, entrar a Internet o practicar sexo, son conductas que habitualmente llevamos a cabo las personas, y que no por eso se convierten en una conducta adictiva.
Cuando una conducta normal progresivamente se aumenta la frecuencia, intensidad y duración, y pasa a ser el centro sobre la cual gira toda la vida de la persona. En un principio, es una conducta o actividad que genera placer, se acaba convirtiendo en una necesidad y un problema.
Cuando la persona se muestra dependiente, impulsiva e incapaz de ponerle freno, quiere decir que la persona es adicto.
Empujada por el deseo o necesidad intensa de realizarla, experimenta síntomas de abstinencia (abajo estado de ánimo, ansiedad, nerviosismo, insomnio) y malestar cuando no puede realizarla. En todo este proceso, y a pesar de las consecuencias negativas experimentadas y las advertencias por parte del entorno, no existe la autocrítica por parte de la persona adicta que miente y esconde su dependencia a la conducta.
El resultado de todo es que la salud física, psicológica y social de la persona se ve perjudicada, así como su vida académica o profesional.
Todavía no se conoce bastante bien las causas concretas que están implicadas en el origen del problema, pero si se conoce algunos de los factores que aumentan el riesgo que una persona caiga en una conducta adictiva. Aspectos de la personalidad como ser impulsivo, la necesidad de buscar sensaciones fuertes, la dificultad para afrontar los problemas, una baja tolerancia respecto a determinados estímulos físicos o psicológicos desagradables como el dolor o la tristeza, una baja autoestima y un estado de ánimo deprimido son algunos de los factores que hacen que seamos más propensos y vulnerables y caer en una conducta adictiva.
Estas adicciones tienen que ser tratadas por un psicólogo experto en la materia, el cual hará una evaluación cuidadosa de cada caso y diseñará un plan específico de trabajo que se adecue a las características particulares de cada persona, hecho que es determinante por el éxito del tratamiento.
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La práctica de los juegos del azar está muy presente, tendido y promovida en nuestra sociedad. La facilidad para acceder al juego, la inmediatez de la recompensa y la falsa sensación de control que experimenta la persona sobre sus resultados, hacen propicio que el juego se convierta en una conducta adictiva.
Se experimenta un fracaso progresivo y crónico a resistir el impulso de jugar, convirtiéndose en una conducta adictiva que malogra y lesiona los objetivos personales, familiares y profesionales del individuo. El impacto que supone la adicción al juego puede tener consecuencias dramáticas por las personas y las familias que lo sufren, tanto en términos de salud física y psicológica, como por las repercusiones en el ámbito económico y social. Relaciones familiares y sociales que quedan malogradas, bajo rendimiento académico y laboral, e incluso problemas legales por las deudas que la actividad adictiva del juego puede comportar.
Los juegos en Internet pasan a ser la actividad dominante en la vida de la persona y de forma progresiva dedica cada vez más tiempo, de 8 a 10 horas diarias. Como consecuencia hay una pérdida de interés y dedicación por cualquier actividad que no gire en torno al juego en red.
Entre las conductas adictivas también encontramos la adicción en las compras, comprar de forma compulsiva por un deseo incontrolable de hacerlo, pero sin ninguna necesidad real.
Los móviles inteligentes son cada vez más presentes en nuestras vidas, y lo hacen a edades cada vez más tempranas. Actualmente, el móvil está presente en todos los ámbitos de nuestra vida, en las relaciones sociales, en el trabajo, en las compras, en las gestiones bancarias, en la localización, en el juego, etc. Este hecho le ha conferido un espacio prioritario en nuestras vidas y una vía de conexión constante con nuestro entorno.
El adicto al móvil es incapaz de prescindir del móvil aunque sea por un periodo breve de tiempo, llegando a experimentar incluso miedo.
Las fantasías sexuales, el deseo constante de masturbarse o un uso frecuente e intenso de pornografía son algunas de las características de este problema. Como el resto de adicciones, el sexo pasa tener un papel central y de forma progresiva va teniendo cada vez más protagonismo en la vida de la persona. En el adicto al sexo hay una necesidad constante e intensa de sexo, y una incapacidad para controlar y parar su impulso. Cómo en otras conductas adictas es un medio utilizado para atenuar el malestar emocional.
Dentro de las conductas adictivas también encontramos la adicción en el trabajo o incapacidad a desconectar del trabajo. Personas, la vida de las cuales gira en torno al trabajo, llegando incluso a llevarse trabajo a casa y renunciante a las vacaciones para poder continuar trabajando. Como consecuencia, su vida personal y social queda muy perjudicada, puesto que pasan en un segundo plan en favor del trabajo. La salud también se puede resentir, en el sentido que el trabajo puede llegar a generar un nivel muy alto de estrés por el mismo nivel de exigencia que se autoimponen.
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